Hace apenas un mes se inauguraba el colegio de Chibuluma, en Zambia, una realidad con la que hemos colaborado durante cuatro años con la recaudación de
Gracias a vuestra generosidad muchos chicos y chicas de esta localidad zambiana podrán mejorar sus condiciones de vida.
Felicísimo Pérez Fernández
Coordinador del Equipo de solidaridad del CCV
Por Cristina Ruiz Fdez, socia y voluntaria de SED
Hay muchos lugares en África que son como despensas o almacenes para los
países ricos de nuestro mundo. Poseen recursos naturales, minas, minerales o maderas preciosas puede ser una fuente de ingresos, pero también puede convertirse en un arma de doble filo. Es lo que sucedió hace alrededor de una década en la región zambiana de Copperbelt, en el corazón de África. Las numerosas minas de cobre que habían hecho florecer a la zona y habían dado empleo a miles de personas, comenzaban a cerrarse ante la caída estrepitosa del mineral en el mercado internacional. Cientos de parados, miles de jóvenes que antes veían su futuro en la mina se quedaban sin una alternativa.
Convertir la utopía en realidad
Lo primero fue conocer la zona, formar una comunidad de hermanos en el pueblo para conocer a la población de cerca, elaborar estadísticas, ponerse al tanto de sus necesidades reales, establecer alianzas y hacer gestiones burocráticas.
Paralelamente SED empezó a ofrecer su apoyo incondicional y a buscar financiación. Todas las esperanzas puestas en el que se convertiría, hasta el momento, en el proyecto de mayores dimensiones realizado por nuestra ONGD. La meta final: un gran centro educativo en el que más de setecientos chicos y chicas pudieran, cada año, recibir formación profesional y educación secundaria. Cerca de sus casas y de forma casi gratuita.
Entonces llegó el trabajo manual, con la ayuda de innumerables colaboradores locales: elaborar planos, decidir los materiales más eficientes para construir, solicitar presupuestos y proformas. Un camión, un tractor y, sobre todo, una máquina de fabricar ladrillos, fueron los puntos clave, para poder comenzar el proyecto. Dos hermanos españoles H. Raimundo Puente y el H. Felipe Moreno González, además de varios hermanos zambianos y un hermano procedente de Malasia formaron equipo junto con el delineante Chris Mwamba y el maestro de obras.
Hoy, aquello que a algunos les parecía un sueño irrealizable, es ya una realidad: el Complejo Educativo St. Marcellin. Han comenzado a funcionar todas las aulas de secundaria, la biblioteca y varias salas de informática, laboratorios de ciencias se llenan cada mañana de chicos y chicas uniformados de amarillo y verde —en todas las escuelas de Zambia es obligatorio el uso de uniforme—. Muchos dejan sus bicicletas en un parking habilitado para ello o en los jardines que hay entre cada pabellón de aulas. Otros llegan andando, algunos incluso caminan más una hora cada mañana y cada tarde para poder llegar a la escuela.
"Los alumnos y alumnas que vienen están muy motivados para continuar sus estudios", explica el H. Evans, zambiano y director de la escuela. Concretamente, en Chibuluma apenas se da deserción escolar entre las chicas, que en otros colegios muy a menudo abandonan sus estudios para cuidar de sus hermanos más pequeños o porque quedan embarazadas. Desde que la escuela comenzó a funcionar hace cuatro años, explica el director, "sólo se han dado tres o cuatro casos de deserción por parte de chicas". Y eso, es uno de los mayores logros
del proyecto.
Foco de desarrollo local
Muy pronto comenzarán a funcionar también un taller de informática, uno de corte y confección y otro de carpintería, que darán formación a aquellos que no pueden acceder a la educación secundaria. Los hermanos quieren también poner en marcha sesiones de formación para enseñar el manejo de la máquina de ladrillos, que ha despertado el interés de la comunidad local, ya que permite construir de forma sólida y a un coste relativamente bajo. Algunas viviendas y edificios en la zona ya comienzan a usarla y los característicos ladrillos naranjas empiezan a florecer entre los caminos.
El Centro educativo St. Marcellin se ha convertido en un foco de desarrollo local y seguirá dando frutos durante muchos años, durante décadas. Esto es sólo un paso más en la lucha contra la pobreza en Zambia, el principio de un largo camino. Como afirma rotundo el lema de la escuela “Un mañana mejor, empieza hoy
Colegio Marista - Centro Cultural Vallisoletano
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