Historia

Corría el año de 1956 cuando Monseñor José García Goldáraz, por aquel entonces Arzobispo de Valladolid, mediante Decreto de 26 de marzo, creaba el Patronato Centro Cultural Vallisoletano como respuesta a las inquietudes manifestadas por los Hombres de Acción Católica sobre la educación de los jóvenes vallisoletanos.

El fin único de dicho Patronato no iba a ser otro que el de llevar a cabo la creación de un centro de enseñanza para alumnos masculinos en la zona sur de la ciudad donde el Ministerio de la Vivienda estaba construyendo un gran barrio de 2000 viviendas (barrio del Cuatro de Marzo) que se preveían rebosantes de gente joven con muchos niños en edad escolar, de los cuales las niñas podían tener acomodo en alguno de los cinco colegios de monjas que se adivinaban en las proximidades de la naciente prolongación del Paseo de Zorrilla.

La consecuencia primera del citado Decreto no se hizo esperar, y antes de un mes, el 11 de abril, se formalizó ante el notario de esta ciudad, D. Salvador Escribano, el documento público en el que se hacían constar las normas que regirían el funcionamiento del Patronato que se creaba.

El 21 de febrero de 1958, un decreto del Jefe del Estado Español publicado en el BOE del 6 de marzo de 1958, declaraba este Patronato de interés social, quedando así en disposición de acogerse a los beneficios previstos por la legislación vigente en cuanto a medidas de protección jurídica y facilidades crediticias para la construcción del centro de enseñanza que se proponía.

Para llevar a cabo la contrucción del Colegio, el Patronato adquirió, en julio de 1956, una parcela de 7732 m² en el barrio de la Esperanza, enfrente del sitio donde el Ministerio de la Vivienda construía el barrio del Cuatro de Marzo, por 1.105.176 pesetas, que posteriormente sería ampliada por otra colindante con la anterior de 287,9 m², que costó 27.500 pesetas.

Más tarde, se adquirirían, por un importe de 1.250.000 pesetas, los casi 7.000 m2 de patios que completarían los 15.000 metros de colegio.

El Colegio tuvo una aceptación rápida en la zona, ya que desde el segundo año contó con más de 700 alumnos; pero en el aspecto económico el resultado fue verdaderamente catastrófico. La situación llegó a ser tan grave que el Sr. Arzobispo, viendo cercana su jubiliación y ante la dificultad para acabar con las deudas, recurrió a solicitar ayuda al Estado como único medio de evitar el traspaso o enajenación del Colegio, a pesar de lo cual comenzó a entrar en contacto con diversas órdenes religiosas. Los Hermanos de la Salle, los de San Francisco y los Maristas fueron los mejor valorados para disputarse la herencia. Finalmente, en el verano de 1966, el Arzobispado de Valladolid decide traspasar el centro educativo y se lo vende a los Hermanos Maristas, que desde entonces lo han ido adecuando a las necesidades de cada momento.

Por eso podemos distinguir dos etapas claramente diferenciadas en los cincuenta años de existencia del CCV: la que llamaremos ETAPA DIOCESANA y la que identificamos como modeladora del colegio actual, la ETAPA MARISTA.

Podéis encontrar todo lo relacionado con estas etapas pinchando en el libro