Contexto histórico

El nacimiento de Marcelino en el año 1789, inicio de la Revolución francesa, marcó sin duda su trayectoria vital y pastoral. Marcelino fue un hombre de su tiempo, asumió las ideas humanistas de la Revolución Francesa, al mismo tiempo que rechazó sus excesos.

 

Marcelino nace con la Revolución (1789)


El nacimiento de Marcelino en el año 1789, inicio de la Revolución francesa, marcó sin duda su trayectoria vital y pastoral. Como bien dice el hermano Benito Arbués, «Marcelino fue un hombre de su tiempo, asumió las ideas humanistas de la Revolución Francesa, al mismo tiempo que rechazó sus excesos.»

Vivió en una época en la que Europa era el escenario de una gran agitación cultural, política y económica, de crisis en la sociedad y en la Iglesia. En ese marco creció y fue educado, y quizás ese contexto provocó su respuesta de fundar y llevar adelante el Instituto marista.

Sería interesante repasar brevemente los sucesos históricos, y cómo el poder político del momento afecta al culto y al poder de la Iglesia durante los años de vida de Marcelino.

 

Etapa revolucionaria y Convención


La Iglesia es puesta bajo el control del Estado y sus bienes confiscados. Se establece el culto a la diosa Razón, aboliendo el cristianismo.

Esta etapa coincide con la infancia de Marcelino en Marlhes, donde reinaban el atraso y la ignorancia; la mayoría de los adultos y jóvenes eran analfabetos. Se respiraban aires de cambio, las ideas sobre progreso social y solidaridad que provenían de la Revolución francesa causaban su impacto. El padre de Marcelino tuvo un importante papel en ese movimiento social.

 

El Imperio y la Restauración


Se pone fin a la Revolución y Napoleón se proclama emperador de los franceses, imponiendo el monopolio de la enseñanza e intentando hacer de la Iglesia un instrumento de su poder. Ideológicamente significó la vuelta al tradicionalismo, al misticismo y a la religiosidad del siglo XVII. La Iglesia tiene un resurgir vigoroso, pero con el poco sentido histórico de apoyarse en el sistema político vigente y de referirse a esquemas del siglo pasado.

Esta etapa coincide con el ingreso de Marcelino en el seminario mayor de Lyon, donde recibe formación teológica y espiritual de manos de sacerdotes que habían sufrido los avatares de la Revolución francesa y sus consecuencias. En aquellos tiempos de agitación, Lyon, histórico bastión de espiritualidad mariana, se convirtió en punto de partida de numerosos proyectos misioneros y apostólicos.

 

La verdadera revolución de Champagnat


Cuando fue ordenado sacerdote, Marcelino quedó impresionado por el aislamiento y la pobreza cultural de la zona rural de montaña de La Valla, a la que fue destinado. Estaba emergiendo una sociedad burguesa, liberal y egoísta, donde los políticos se preocupaban sobre todo de formar una elite de la que pudieran salir los líderes militares, políticos y económicos de la nación. En la Iglesia, incluso, no se prestaba demasiada atención pastoral a los jóvenes de las aldeas y los caseríos. Además, la enseñanza como profesión estaba tan poco considerada y tan pobremente pagada que sólo atraía a candidatos cuya capacidad y preparación dejaba mucho que desear.

Un hecho que le movió a entrar en acción fue la muerte de Jean Baptiste Montagne, que a la edad de 17 años no había oído hablar de Dios. Así que en enero de 1817, Marcelino reúne a sus dos primeros discípulos y comienza una aventura educativa y espiritual en medio de la pobreza humana.

Victorino del Pozo, en el libro que escribió sobre Marcelino, titulado Yo y la Revolución, dice: «No hay revolución más díficil que la revolución del grano de trigo o la de la gota de agua. Pero una gota de agua puede excavar una gran gruta y un grano de trigo multiplicado por la espiga de cada año puede se el pan de un pueblo.»

Su empeño le llevó a reunir seguidores para fundar una nueva comunidad religiosa a los seis meses de su ordenación. Toda una revolución que no tuvo muy buena acogida entre sus superiores.

 

Críticas en los sectores diocesanos

 

Su forma de proceder despierta, en un primer momento, las críticas en diversos sectores diocesanos. Su párroco le reprende en público, su arcipreste le trata de orgulloso y uno de los Vicarios generales le coacciona para que renuncie a su proyecto fundacional. Cuando la situación estaba más tensa, se produce un hecho que va a cambiar el rumbo de los acontecimientos. El papa Leon XIII, a requerimiento del gobierno francés, nombra como Administrador apostólico de la diócesis de Lyon a Gastón de Pins, que desde el primero momento se muestra favorable a Marcelino y su obra, y le autoriza a dejar la parroquia para que se dedique plenamente a potenciar la nueva congregación.

 

El Hermitage: monasterio y centro de formación de educadores


La pequeña comunidad aumenta, y Marcelino tiene que construir una casa de formación amplia a la que dio el nombre de Hermitage. Esta casa sirvió como monasterio y centro de formación de educadores. Con el tiempo llegaría a ser progresivamente el centro de una red de escuelas primarias cada vez más numerosas y mejor organizadas. La opción que tomaron Marcelino y los hermanos fue la de reducir todo lo posible la aportación económica de los alumnos y, consecuentemente, llevar una vida austera.